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lunes, 13 de julio de 2015

Pienso

Cuento los segundos que musita mi reloj.
Pasan los instantes, se acelera el corazón.
Pienso, en lo oscuro de tus ojos, en lo rojo de tus labios, en lo suave de tu lengua, en lo firme de tus manos...

Pienso en cada uno de los abrazos que nos damos.
Me evaporo como el aire, para volar a tu lado.
Me diluyo como el agua, cada vez que nos amamos.
Y me prendo en una llama, cuando me dices te amo.

Mi orilla

Te conocí una tarde de verano, después de muchos años a tu lado.
Apretaba el calor, nos bañaba con su luz este sol ya veterano.
Ya conocía esos ojos, se volvieron cotidianos.
Ya había peinado ese pelo.
Ya había agarrado esas manos.
Pero no te conocí hasta esa tarde de verano.
Conocí tus miedos, conocí tus anhelos.
Tu forma de reír con ese tintineo.
Descubrí que cerrabas las cortinas de tus ojos y acojonada les ponías cerrojos.
Cuando de tu boca brotan las palabras por manojos.
Me asome a la orilla y te vi, me vi.
Allí te conocí.
Allí me conocí.
en ese instante morí.
Y como el mismísimo ave fenix volví a latir, a respirar, a existir.
Dejando atrás cada afrenta que perdí.
Guardando solo lecciones que por mi misma aprendí.
Y ahí, quieta, sola y renovada, permanecí.

sábado, 11 de julio de 2015

¿Lo harías?

Cuánto más te pienso, más te extraño.
Y es que sin darnos cuenta,
van pasando los años.
Esos que nos arrugan la piel y el corazón sin avisarnos.
Cierro los ojos, e imagino el calor de tus manos, que debajo de mi ropa, hacían senderos jugando.
¿Donde quedaron las risas?
¿Quien ganará mis abrazos?
Tengo mil doscientas preguntas...y alguna que he olvidado.
Por ti, rompería barreras, rompería mis alas y me olvidaría de ellas.
Ya sabes que no soy fácil.
Que puedo ser la gata que a tu pies ronronea, o volverme una tigresa y tragarme de un bocado a mi presa.
¿Quien dijo que fuera fácil?
¿Acaso es fácil tocar la luna?
Pero si lo fue matar mis esperanzas, una a una.
Y es que cuanto más te extraño, más te pienso.
Y se me acumulan sentimientos que ni yo misma comprendo.
Te amo y te comería hasta el último botón que abrochas de tu camisa.
Te odio y te mataría por romperme el corazón y hacerlo trizas.
Te añoro y te abrazaría, tan fuerte y firmemente, que te daría la risa.
Y es que me daba la vida ver tu sonrisa, iluminando el camino, que sin luz ya recorría.
Te pediría que volvieras, te pediría que te quedarás.
¿Lo harías?